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Walter Mogrovejo: “Antes mi misión era salvar vidas, ahora es rescatarlas”

¿Se puede vivir con un corazón artificial?

Sí, por supuesto.

¿De por vida? 

Hoy en día existen corazones artificiales que se colocan a pacientes que no consiguen uno a tiempo y que tienen más de 70 años. Esta terapia se llama de destino, es decir, el corazón artificial reemplaza al natural y ejerce la misma función ayudado de una batería. El paciente logra sobrevivir entre 5 y 7 años más.

A otros se le coloca un dispositivo por un corto tiempo, mientras espera un donante, ¿cierto?

Sí, eso se llama terapia puente porque compramos un poco de tiempo mientras conseguimos un corazón compatible.

¿Y con este trabajo logró salvarle la vida a una paciente hace poco?

Sí, en diciembre último colocamos por primera vez en el Perú un sistema de oxigenación extracorporal (ECMO) a una paciente que tenía un corazón no compactado que le generaba serios problemas y no latía como debía. Al ser un mal congénito y no haber solución, con el fin de salvarle la vida le pusimos este corazón-pulmón artificial con éxito que suplantó su corazón por 18 horas. El segundo milagro llegó cuando conseguimos un donante. La operamos y se ha recuperado al cien por ciento. Ahora, ella hace su vida normal, está como nueva.

Toda una proeza médica. Cuénteme, ¿cuántos trasplantes ha hecho?

A ver, en la clínica Inca hemos realizado unos diecinueve trasplantes. Catorce de riñones, cuatro de corazón y uno de pulmones.

¿Usted siempre a la cabeza?

Claro, soy el coordinador de trasplantes de órganos y tejidos.

Y… ¿qué siente cada vez que hace un trasplante?

¡Uy…! Yo tengo sentimientos encontrados. En principio surge el niño que quería ser como el médico que me inspiró, pero por otro me da mucha pena que estos logros de la medicina no estén disponibles para toda la sociedad.

¿Porque no son masivos?

Sí pues, yo creo que estos progresos deberían considerarse logros de la medicina siempre y cuando sean asequibles para todos. Entiendo…

Retomando el tema, ¿quién fue el médico que lo inspiró?

Ah, es un médico de mi pueblo, Catacaos (Piura), muy orgulloso de ser catacaosino, por cierto, pues allí nació el grandioso Cayetano Heredia. Volviendo al tema el médico se llama Carlos Gonzales.

¿Qué pasó con él?, ¿cómo así marcó su vida?

A los cinco años caí en cama con una bronquitis y muchas cosas más. Era un niño muy enfermizo, no sé bien que tuve, pero lo cierto es que pasé entre tres y seis meses en cama, y cada vez que el doctor Gonzales venía me inspiraba vida y esto a pesar de que se acercaba muy serio. Recuerdo que cuando estaba cerca me hacía un chiste y yo reía, era mi cómplice. Allí fue cuando dije: “yo quiero ser como él”.

¿Y lo ha vuelto a ver?

Sí, él llegó a ser una autoridad sanitaria en la región Piura. Una vez le dije: “Usted me inspiró porque lo ví como el salvador de vidas”.

Y, anecdóticamente, ahora es usted quien las salva…

Es que partir de allí en mi inconsciente se trazó una línea muy clara que hizo que todo lo que hiciera, lo haga pensando en los pacientes. Creo que ellos se merecen más que la resignación de decirle hasta aquí llegamos. La vida es el don más preciado que nos ha dado Dios y no podemos dejarla ir sin haber hecho el mayor esfuerzo de salvarla.

Entonces, ¿esa es su misión?

Creo que hasta el 20 de diciembre pasado mi misión era salvar vidas, después de esa fecha es rescatarlas.

¿Rescatarlas?

Sí, porque puedo salvarle la vidas a alguien tirándole un salvavidas, pero si está ahogado y logro resucitarlo, lo estoy rescatando. Como lo que pasó con la paciente…

Exacto, ella prácticamente había dejado de existir, su corazón ya había dejado de funcionar, y pese a ello pudimos salvarla, pero déjeme decirle que no es el primer caso…

A ver, cuénteme…

Pasó en mi época de formación en Argentina. Nos llegó un chico que por descuido de la madre pasó tres horas flotando en la piscina, inerte. Estaba frío, tenía siete años. Lo recibimos en emergencia tres personas, ni bien llegó empezamos a masajear a la altura de su corazón. Así pasamos dos horas ante la mirada de los médicos de edad que nos advertían las posibles consecuencias de lo que estábamos haciendo.

¿Qué podía pasar?

El paciente podía quedar en estado vegetativo. Pero bueno, la cosa es que logramos que su corazón vuelva a funcionar. A partir de ahí  siempre me extralimito más de lo normal, pues esa historia no me la contaron, yo la viví.

Me ha narrado un par de casos, ¿a cuántos más le ha devuelto el privilegio de vivir?

Tengo tres casos emblemáticos porque eran extremos y, ahora que recuerdo, existe uno más.

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