La tuberculosis es una infección bacteriana llamada Mycobacterium tuberculosis. Afecta principalmente a los pulmones, pero puede afectar otras partes del cuerpo. Si no se trata oportunamente, puede causar daño permanente en los pulmones.

La infección bacteriana es de fácil contagio. Cuando un enfermo de tuberculosis pulmonar tose, estornuda o escupe, expulsa bacilos tuberculosos al aire. Basta con que una persona inhale unos pocos de estos bacilos para quedar infectada.

Los síntomas comunes de la tuberculosis pulmonar activa son tos productiva (a veces con sangre en el esputo), dolores torácicos, debilidad, pérdida de peso, fiebre y sudores nocturnos. La OMS recomienda el uso de pruebas rápidas de diagnóstico molecular como prueba diagnóstica inicial en todas las personas con signos y síntomas de tuberculosis, ya que tienen una alta precisión diagnóstica y conducirán a mejoras importantes en la detección precoz de la tuberculosis y la tuberculosis farmacorresistente.

La tuberculosis es una enfermedad tratable y prevenible.

Existe también la tuberculosis latente que afecta a las personas, pero no se sienten mal, no presentan síntomas ni pueden transmitirles la tuberculosis a los demás.

Muchas personas que tienen infección de tuberculosis latente nunca presentan enfermedad de tuberculosis. En estas personas, las bacterias de la tuberculosis permanecen inactivas durante toda la vida, sin provocar la enfermedad. Pero en otras personas, especialmente las que tienen el sistema inmunitario débil, las bacterias se vuelven activas, se multiplican y causan la enfermedad de tuberculosis.

Entre las personas en alto riesgo de presentar la enfermedad de tuberculosis están las siguientes:

  • Adulto mayor
  • Personas con VIH
  • Bebés y niños pequeños.
  • Personas infectadas con anterioridad por la tuberculosis.
  • Personas que se inyectan drogas ilícitas.
  • Personas que tienen enfermedades que debilitan el sistema inmunitario.
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